Música onda

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Foto: Circuito Onda

Simón Díaz en Los Imposibles con Leonardo Padrón

08/08/2016 | 03:00 pm

Por: Willmar Tarazona


Un homenaje al «liqui-liqui más famoso de la historia de Venezuela»

(1028-2014)

Hubo una resistencia inicial de sus más cercanos para realizar esta entrevista. La razón es puntual: Simón no está en sus mejores días. Toda vida, si es larga, se llena de otoño. Las hojas secas de la memoria van cayendo sin remedio. Por eso, Simón Díaz ha confiado a su hija, Bettsimar, la recolección de esos olvidos impertinentes y tercos. Y no es azar que Bettsimar sea poeta. No es casual que sea ella quien completa los vacíos, quien redondea las frases, quien calza el último verso en los característicos juegos verbales y contrapunteos de Simón Díaz. Eso explica por qué no nos hallaremos con su habitual elocuencia. Pero quizás lo que menos importa es el exceso de neblina. Importa la fidelidad asombrosa con la canción que toda la vida ha interpretado: la devoción a su país. Por eso, lo único que no se le olvida a Simón Díaz es la sonrisa. Porque la mejor manera de querer a un país es sonriéndole. Siempre.

Escucha la entrevista completa aquí

 

 

Postal

«El es quizás el liqui-liqui más famoso de la historia de Venezuela. Hoy vamos a hablar con alguien que simboliza perfectamente la historia del hombre anónimo y de pueblo que termina conquistando al mundo. Se trata de Simón Díaz, quizás nuestro compositor más universal. Y la frase no es gratuita: las canciones de Simón Díaz han sido cantadas por artistas de la magnitud de Plácido Domingo, Joan Manuel Serrat, Julio Iglesias, Caetano Veloso, Juan Gabriel, Ray Coniff, Mercedes Sosa, Celia Cruz y un larguísimo etcétera que desborda nuestras posibilidades. Simón Díaz hizo que el sencillo y telúrico sonido del cuatro, nuestro instrumento nacional, le diera la vuelta al planeta. Simón Díaz logró que el llano no fuera solamente entendido como un lugar en nuestro mapa, sino también como un sonido del alma, una forma de cantar la vida, una lección de autenticidad, y sobre todo, un orgullo genético. Como lo diría alguna vez el ex presidente Rafael Caldera, Simón Díaz ha sido fundamental para la autoestima del venezolano. Y es que este país lo oye cantar y se siente bien consigo mismo, por nuestro pulmones pasa un aire limpio, un silbido de viento y garza, un arrullo de becerros y lunas melancólicas y una de las maneras más definitivas de decir Venezuela. O como lo diría Gilberto Santa Rosa: “Si alguien quiere conocer a Venezuela, simplemente basta con oír la música de Simón Díaz”. Por eso, entre otras cien perfectas razones, hoy estamos sentados ante uno de los mejores capítulos de nuestra historia, ante la exquisita sencillez y genialidad de un hombre imposible de no aplaudir: Simón Díaz».

Leonardo Padrón