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Bocado de País cocina con sabor a nostalgia

04/10/2016 | 02:08 pm

Por: Ana María Sandoval


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 Los venezolanos requieren sus sabores para sonreír completo. Esta diáspora con su carga de profunda nostalgia y dolor consigue un respiro en nuestros sabores, así que los busca donde quiera que tenga que deshacer sus maletas por una temporada larga.
Los quesos frescos son amaneceres de Llano pescando con los tíos; las empanadas son vacaciones en Margarita, una hallaca es la abuela en Mérida y un cachito los amigos del colegio en la panadería antes de salir a la playa.
Una de las mayores concentraciones de inmigrantes venezolanos está instalada en Florida, en los Estados Unidos. A Weston le dicen Westonzuela y a Doral, Doralzuela. Hasta aquí nos vinimos, para indagar a qué sabe la nostalgia.
Alfonso Zerpa (Imagen: Valentina Quintero)

Alfonso Zerpa (Imagen: Valentina Quintero)

Alfonso Zerpa trabajaba en Venezuela como abogado y profesor de historia, pero con su padre aprendió a hacer quesos y asegura que eso nunca se olvida. Cuando llegó a Florida necesitaba tanto sus sabores que se fajó a prepararlos; quesos, tequeños, cachapas, empanadas y Hallacas. Se los empezaron a pedir y montó la Corporación Chevere con su marca Zerpa Antojos Criollos en pleno alboroto venezolano de Weston. Todo el mundo lo conoce y lo necesita.
Ramón Peraza (Imagen: Valentina Quintero)

Ramón Peraza (Imagen: Valentina Quintero)

Compromiso y necesidad. Es lo que se necesita para salir adelante en este país. Lo dice Ramón Peraza padre, creador de Café Canela, un lugar de reunión de venezolanos en Weston, una encrucijada donde seguir camino con una cachapa, unos tequeños o un buen pabellón. Comida para gozarla aquí o para llevar los sabores al hogar. Tequeños, empanadas, yuca frita. Otra familia venezolana que sale del país y lo enaltece a diario a punta de buenos sabores. Sacamos a Ramón Peraza hijo del mostrador para compartir esta historia.

Daniel Soto (Imagen: Valentina Quintero)

Daniel Soto (Imagen: Valentina Quintero)

Daniel es de Maracaibo. Sabía cocinar pero no era su oficio. Cuando la angustia por la seguridad de su hijo lo sacó de Venezuela, le juró a los dueños de El Arepazo que se ocuparía de que sus arepas tuvieran adentro el auténtico sabor venezolano, ese que alborota paladares y le da un respirito a la urgencia de sentir a Venezuela cerca.
La Casserola (Imagen: Valentina Quintero)

La Casserola (Imagen: Valentina Quintero)

Nuestra cocina es lenta y los venezolanos que viven por aquí no tienen tiempo. Cristina y María Margarita Vernet, dueñas de La Cassserola, quieren que nuestra gente se siente en la mesa largas horas a recordar. Ellas ofrecen valores, transmiten raíces, inyectan identidad. Su restaurante se parece a Venezuela. Los colores, las sillitas, la música, las fotos de los abuelos y bisabuelos. La bandera con 7 estrellas ondea en la entrada.

Maria Verónica Barbella es llanera. A donde la llamen llega con leña, carne, mojito, guasacaca y un ajicero para montar su parrilla, una carne en vara o un sancocho. Guinda chinchorros para el reposo posterior y revuelve los recuerdos con música llanera. Se vino por amor, pero el amor por Venezuela lo derrocha a diario.
La Taguara
 
En una estación de gasolina, junto a un auto lavado, montó Mauricio su taguara de sabores venezolanos. Se llama My Panna y tiene sucursales en Miami, Doral, Orlando y Weston. Fuimos a la de Weston, sitio de reunión de venezolanos mientras lavan el carro, siguen camino al trabajo o buscan niños a los colegios. Los cachitos de jamón mas resueltos que haya visto, empanadas, arepas y tequeños. Buen café y rica conversar para ponerse al día con la realidad aplastante que no por lejana la olvidan. Es la suya, les duele y les importa. Me encantó, aunque no hay manera que un local parezca taguara en Estados Unidos.